Repertorio de Jurisprudencia del
Sistema Interamericano de Derechos Humanos


La Corte Interamericana de Derechos Humanos: 1980-1997


CONVENCIÓN AMERICANA SOBRE DERECHOS HUMANOS

(Suscrita en San José de Costa Rica el 22 de noviembre de 1969,
en la Conferencia Especializada Interamericana sobre Derechos Humanos)

Artículo 12
Libertad de Conciencia y de Religión

12.0.1. relaci�n con el art�culo 1.1
12.1.1. "[t]oda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y de religi�n. Este derecho implica la libertad de conservar su religi�n o sus creencias, o de cambiar de religi�n o de creencias, as� como la libertad de profesar y divulgar su religi�n o sus creencias, individual o colectivamente, tanto en público como en privado."
12.2.1. "[n]adie puede ser objeto de medidas restrictivas que puedan menoscabar la libertad de conservar su religi�n o sus creencias o de cambiar de religi�n o de creencias."
12.3.1. restricciones permisibles a la libertad de conciencia y de religi�n
12.3.1.1. " . . . prescritas por la ley . . . ."
12.3.1.2. alcance del concepto de ley/relaci�n con el art�culo 30


1. Toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y de religi�n. Este derecho implica la libertad de conservar su religi�n o sus creencias, o de cambiar de religi�n o de creencias, as� como la libertad de profesar y divulgar su religi�n o sus creencias, individual o colectivamente, tanto en p�blico como en privado.

2. Nadie puede ser objeto de medidas restrictivas que puedan menoscabar la libertad de conservar su religi�n o sus creencias o de cambiar de religi�n o de creencias.

3. La libertad de manifestar la propia religi�n y las propias creencias est� sujeta �nicamente a las limitaciones prescriptas por la ley y que sean necesarias para proteger la seguridad, el orden, la salud o la moral p�blicos o los derechos o libertades de los dem�s.

4. Los padres, y en su caso los tutores, tienen derecho a que sus hijos o pupilos reciban la educaci�n religiosa y moral que est� de acuerdo con sus propias convicciones.

12.0.1. relaci�n con el art�culo 1.1

162. Este art�culo [1.1] contiene la obligaci�n contra�da por los Estados Partes en relaci�n con cada uno de los derechos protegidos [por la Convenci�n], de tal manera que toda pretensi�n de que se ha lesionado alguno de esos derechos, implica necesariamente la de que se ha infringido tambi�n el art�culo 1.1 de la Convenci�n.

Corte I.D.H., Caso Vel�squez Rodr�guez, Sentencia del 29 de julio de 1988, Serie C No 4, p�rr. 162.

Corte I.D.H., Caso God�nez Cruz, Sentencia del 20 de enero de 1989, Serie C No. 5 , p�rr. 171.

Corte I.D.H., Caso Neira Alegr�a y Otros, Sentencia del 19 de enero de 1995, p�rr. 85

12.1.1. “[t]oda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y de religi�n. Este derecho implica la libertad de conservar su religi�n o sus creencias, o de cambiar de religi�n o de creencias, as� como la libertad de profesar y divulgar su religi�n o sus creencias, individual o colectivamente, tanto en p�blico como en privado.

12.2.1. “[n]adie puede ser objeto de medidas restrictivas que puedan menoscabar la libertad de conservar su religi�n o sus creencias o de cambiar de religi�n o de creencias.

12.3.1. restricciones permisibles a la libertad de conciencia y de religi�n

12.3.1.1. “ . . . prescritas por la ley . . . .

12.3.1.2. alcance del concepto de ley/relaci�n con el art�culo 30

16. La pregunta se limita a indagar sobre el sentido de la palabra leyes en el art�culo 30 de la Convenci�n. No se trata, en consecuencia, de dar una respuesta aplicable a todos los casos en que la Convenci�n utiliza expresiones como “leyes”, “ley”, “disposiciones legislativas”, “disposiciones legales”, “medidas legislativas”, “restricciones legales” o “leyes internas”. En cada ocasi�n en que tales expresiones son usadas, su sentido ha de ser determinado espec�ficamente.

17. No obstante lo anterior, los criterios del art�culo 30 s� resultan aplicables a todos aquellos casos en que la expresi�n ley o locuciones equivalentes son empleadas por la Convenci�n a prop�sito de las restricciones que ella misma autoriza respecto de cada uno de los derechos protegidos. En efecto, la Convenci�n no se limita a proclamar el conjunto de derechos y libertades cuya inviolabilidad se garantiza a todo ser humano, sino que tambi�n hace referencia a las condiciones particulares en las cuales es posible restringir el goce o ejercicio de tales derechos o libertades sin violarlos. El art�culo 30 no puede ser interpretado como una suerte de autorizaci�n general para establecer nuevas restricciones a los derechos protegidos por la Convenci�n, que se agregar�a a las limitaciones permitidas en la regulaci�n particular de cada uno de ellos. Por el contrario, lo que el art�culo pretende es imponer una condici�n adicional para que las restricciones, singularmente autorizadas, sean leg�timas.

Corte I.D.H., La Expresi�n “Leyesen el Art�culo 30 de la Convenci�n Americana sobre Derechos Humanos, Opini�n Consultiva O-C 6/86 del 9 de mayo de 1986, Serie A No. 6, p�rrs. 16-17.

26. En tal perspectiva no es posible interpretar la expresi�n leyes, utilizada en el art�culo 30, como sin�nimo de cualquier norma jur�dica, pues ello equivaldr�a a admitir que los derechos fundamentales pueden ser restringidos por la sola determinaci�n del poder p�blico, sin otra limitaci�n formal que la de consagrar tales restricciones en disposiciones de car�cter general. Tal interpretaci�n conducir�a a desconocer l�mites que el derecho constitucional democr�tico ha establecido desde que, en el derecho interno, se proclam� la garant�a de los derechos fundamentales de la persona; y no se compadecer�a con el Pre�mbulo de la Convenci�n Americana, seg�n el cual “los derechos esenciales del hombre... tienen como fundamento los atributos de la persona humana, raz�n por la cual justifican una protecci�n internacional, de naturaleza convencional coadyuvante o complementaria de la que ofrece el derecho interno de los Estados americanos”.

27. La expresi�n leyes, en el marco de la protecci�n a los derechos humanos, carecer�a de sentido si con ella no se aludiera a la idea de que la sola determinaci�n del poder p�blico no basta para restringir tales derechos. Lo contrario equivaldr�a a reconocer una virtualidad absoluta a los poderes de los gobernantes frente a los gobernados. En cambio, el vocablo leyes cobra todo su sentido l�gico e hist�rico si se le considera como una exigencia de la necesaria limitaci�n a la interferencia del poder p�blico en la esfera de los derechos y libertades de la persona humana. La Corte concluye que la expresi�n leyes, utilizada por el art�culo 30, no puede tener otro sentido que el de ley formal, es decir, norma jur�dica adoptada por el �rgano legislativo y promulgada por el Poder Ejecutivo, seg�n el procedimiento requerido por el derecho interno de cada Estado.

28. La Convenci�n no se limita a exigir una ley para que las restricciones al goce y ejercicio de los derechos y libertades sean jur�dicamente l�citas. Requiere, adem�s, que esas leyes se dicten “por razones de inter�s general y con el prop�sito para el cual han sido establecidas”. El criterio seg�n el cual las restricciones permitidas han de ser aplicadas “con el prop�sito para el cual han sido establecidas” se encontraba ya reconocido en el Proyecto de Convenci�n sobre Derechos Humanos elaborado por el Consejo Interamericano de Jurisconsultos (1959), en el que se expresaba que tales restricciones “no podr�n ser aplicadas con otro prop�sito o designio que aqu�l para el cual han sido previstas” (Anuario Interamericano de Derechos Humanos, 1968, Washington, D.C.: Secretar�a General, OEA, 1973, p�g. 248). En cambio, la exigencia de que la aplicaci�n de las restricciones est� “conforme a leyes que se dictaren por razones de inter�s general” es el resultado de una enmienda introducida al proyecto final, en la Conferencia Especializada de San Jos�, en 1969 (Actas y Documentos, supra 14, p�g. 274).

29. El requisito seg�n la cual las leyes han de ser dictadas por razones de inter�s general significa que deben haber sido adoptadas en funci�n del “bien com�n” (art. 32.2), concepto que ha de interpretarse como elemento integrante del orden p�blico del Estado democr�tico, cuyo fin principal es “la protecci�n de los derechos esenciales del hombre y la creaci�n de circunstancias que le permitan progresar espiritual y materialmente y alcanzar la felicidad” (“Declaraci�n Americana de los Derechos y Deberes del Hombre” (en adelante “Declaraci�n Americana”), Considerandos, p�rr. 1).

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32. La ley en el Estado democr�tico no es simplemente un mandato de la autoridad revestido de ciertos necesarios elementos formales. Implica un contenido y est� dirigida a una finalidad. El concepto de leyes a que se refiere el art�culo 30, interpretado en el contexto de la Convenci�n y teniendo en cuenta su objeto y fin, no puede considerarse solamente de acuerdo con el principio de legalidad (ver supra 23). Este principio, dentro del esp�ritu de la Convenci�n, debe entenderse como aquel en el cual la creaci�n de las normas jur�dicas de car�cter general ha de hacerse de acuerdo con los procedimientos y por los �rganos establecidos en la Constituci�n de cada Estado Parte, y a �l deben ajustar su conducta de manera estricta todas las autoridades p�blicas. En una sociedad democr�tica el principio de legalidad est� vinculado inseparablemente al de legitimidad, en virtud del sistema internacional que se encuentra en la base de la propia Convenci�n, relativo al “ejercicio efectivo de la democracia representativa”, que se traduce, inter alia, en la elecci�n popular de los �rganos de creaci�n jur�dica, el respeto a la participaci�n de las minor�as y la ordenaci�n al bien com�n (ver supra 22).

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34. No es posible desvincular el significado de la expresi�n leyes en el art�culo 30 del prop�sito de todos los Estados americanos expresado en el Pre�mbulo de la Convenci�n “de consolidar en este Continente, dentro del cuadro de las instituciones democr�ticas, un r�gimen de libertad personal y de justicia social, fundado en el respeto de los derechos esenciales del hombre” (Convenci�n Americana, Pre�mbulo, p�rr. 1). La democracia representativa es determinante en todo el sistema del que la Convenci�n forma parte. Es un “principio” reafirmado por los Estados americanos en la Carta de la OEA, instrumento fundamental del Sistema Interamericano. El r�gimen mismo de la Convenci�n reconoce expresamente los derechos pol�ticos (art. 23), que son de aquellos que, en los t�rminos del art�culo 27, no se pueden suspender, lo que es indicativo de la fuerza que ellos tienen en dicho sistema.

35. En consecuencia, las leyes a que se refiere el art�culo 30 son actos normativos enderezados al bien com�n, emanados del Poder Legislativo democr�ticamente elegido y promulgados por el Poder Ejecutivo. Esta acepci�n corresponde plenamente al contexto general de la Convenci�n dentro de la filosof�a del Sistema Interamericano. S�lo la ley formal, entendida como lo ha hecho la Corte, tiene aptitud para restringir el goce o ejercicio de los derechos reconocidos por la Convenci�n.

36. Lo anterior no se contradice forzosamente con la posibilidad de delegaciones legislativas en esta materia, siempre que tales delegaciones est�n autorizadas por la propia Constituci�n, que se ejerzan dentro de los l�mites impuestos por ella y por la ley delegante, y que el ejercicio de la potestad delegada est� sujeto a controles eficaces, de manera que no desvirt�e, ni pueda utilizarse para desvirtuar, el car�cter fundamental de los derechos y libertades protegidos por la Convenci�n.

37. La necesaria existencia de los elementos propios del concepto de ley en el art�culo 30 de la Convenci�n, permite concluir que los conceptos de legalidad y legitimidad coinciden a los efectos de la interpretaci�n de esta norma, ya que s�lo la ley adoptada por los �rganos democr�ticamente elegidos y constitucionalmente facultados, ce�ida al bien com�n, puede restringir el goce y ejercicio de los derechos y libertades de la persona humana.

Corte I.D.H., La Expresi�n “Leyesen el Art�culo 30 de la Convenci�n Americana sobre Derechos Humanos, Opini�n Consultiva O-C 6/86 del 9 de mayo de 1986, Serie A No. 6, p�rrs. 26-29, 32 y 34-37.